Si buscas qué hacer cuando empiezan las contracciones, lo primero es respirar y orientarte: no todas las contracciones significan que tengas que salir corriendo al hospital. Algunas son el inicio de un camino que todavía puede durar horas. Otras sí necesitan una llamada o valoración. En esta segunda parte de «Sin miedo al parto» vamos a poner orden: contracciones, dolor, acompañamiento, hospital, intimidad y expulsivo.
En la primera entrada hablábamos del miedo al parto durante el embarazo. Esta parte se centra en el día del parto, cuando el cuerpo empieza a dar señales y la cabeza puede ir más rápido que las contracciones. Cada mujer vive ese momento de una manera: para algunas es emoción, para otras incertidumbre, y para muchas una mezcla de todo.
Cuando empiezan las contracciones: primero, orientarte
Las primeras contracciones pueden sentirse como dolor de regla, presión en la pelvis, molestias lumbares o una tripa que se endurece y se relaja. Al principio pueden ser irregulares: una cada diez minutos, luego nada durante media hora, luego dos más seguidas. Eso puede desesperar un poco, pero muchas veces forma parte del inicio.
Lo que nos interesa observar no es solo «cada cuánto vienen», sino si tienen un patrón: si se hacen más regulares, más largas, más intensas y cada vez necesitas más concentración para atravesarlas. La información pública del NHS sobre señales de inicio del parto explica bien esta idea: durante una contracción el útero se contrae, el dolor aumenta y luego se relaja.
Mi consejo práctico: al principio, no os quedéis mirando el reloj como si cada contracción fuera un examen. Cronometrar puede ayudar cuando empiezan a ordenarse, pero si estáis en una fase muy inicial, a veces solo añade ansiedad. Mirad el conjunto: cómo estás tú, cómo se mueve el bebé, si has roto aguas, si hay sangrado, si el embarazo es de término y qué instrucciones te dio tu hospital.
Qué podéis hacer en casa si todo está tranquilo
Si el embarazo es de término, el bebé se mueve como siempre, no has roto aguas con un líquido extraño, no hay sangrado abundante y las contracciones todavía son irregulares o llevaderas, muchas mujeres pasan una parte de esa fase inicial en casa. Siempre con las indicaciones concretas de vuestro equipo, claro.
- Descansad cuando podáis. Si es de noche y las contracciones aún os dejan, intentad dormir o al menos tumbaros entre una y otra.
- Comed algo ligero e hidrataos. El parto consume energía. Si os apetece, pequeñas cantidades pueden ayudar.
- Usad calor o agua. Una ducha o baño templado puede aliviar molestias en la fase inicial, si no hay contraindicación y os sentís seguras.
- Moveos si el cuerpo lo pide. Caminar, balancear la pelvis, apoyar el cuerpo sobre una pelota o cambiar de postura puede hacer más llevaderas las contracciones.
- Respirad sin complicarlo. No hace falta una técnica perfecta. Soltar el aire despacio, relajar mandíbula y hombros y volver al presente ya es mucho.
- Dejad que la persona acompañante haga cosas concretas. Agua, bolsa, llamada, masaje, silencio, música, luces bajas. A veces lo más simple es lo que más sostiene.
La guía NICE NG235 recoge que respiración, ducha o baño y masaje pueden ayudar en la fase latente del parto. No son trucos mágicos. Son apoyos para pasar de «me está pasando algo» a «puedo atravesar esta contracción y luego descansar».
Cuándo llamar a tu matrona o al hospital
Esta es una de las preguntas que más miedo genera, y es normal. La respuesta exacta depende de vuestro hospital, de si es vuestro primer parto, de la distancia, de vuestro embarazo y de cómo os encontráis. Por eso, durante el embarazo conviene preguntar cuál es el teléfono de triaje o urgencias obstétricas y qué criterio usan para indicaros cuándo acudir.
Como orientación general, contactad con vuestra matrona, hospital o unidad de maternidad si:
- Rompéis aguas, aunque no tengáis contracciones todavía.
- El líquido es verdoso, marrón, huele mal o no sabéis si es líquido amniótico u orina.
- Hay sangrado rojo como una regla o más.
- Notáis menos movimientos del bebé o algo os preocupa.
- Tenéis fiebre, malestar importante o dolor que no se parece a las contracciones habituales.
- Estáis de menos de 37 semanas y aparecen contracciones regulares, dolor o pérdida de líquido.
- Las contracciones son regulares, cada vez más intensas, y necesitáis apoyo o valoración.
- Simplemente sentís que algo no encaja. Para eso están los equipos de guardia.
El Ministerio de Sanidad sitúa la atención al parto normal dentro de una asistencia basada en evidencia, comunicación y seguridad. Eso también significa que no tenéis que adivinarlo todo solas: podéis llamar, explicar lo que ocurre y dejaros orientar.
Si tienes miedo al dolor
El dolor del parto suele ser una de las grandes preguntas. Y no, no ayuda decir «no pasa nada» si a ti sí te pasa. Ayuda entender que la contracción tiene ritmo: empieza, sube, llega a su punto más intenso y baja. Después hay descanso. En ese descanso se bebe agua, se cambia de postura, se recibe un masaje, se mira a la persona que acompaña, se coge aire.
También ayuda recordar que no hay una forma correcta de vivir el dolor. Hay mujeres que necesitan silencio. Otras sonido. Algunas quieren contacto, otras no soportan que las toquen. Algunas desean epidural pronto y otras prefieren esperar. Ninguna opción os hace mejores o peores madres.
Durante la preparación al parto conviene hablar de las opciones de alivio del dolor disponibles en vuestro hospital: agua, movimiento, masaje, respiración, óxido nitroso si se ofrece, opioides, epidural u otras medidas. Preguntad también qué implican, cuándo se pueden usar y qué límites tienen. Decidir con información baja mucho el miedo.
Qué puede hacer la persona que te acompaña
La persona acompañante no tiene que «salvar» el parto ni saber de obstetricia. Tiene que estar disponible, tranquila y atenta a lo que tú necesitas. Parece poco, pero en una contracción intensa puede ser muchísimo.
- Puede recordar que bebas agua, que vayas al baño o que cambies de postura si llevas mucho rato igual.
- Puede hablar con el equipo cuando tú estás concentrada y repetir después la información con calma.
- Puede ayudarte a proteger el ambiente: menos ruido, menos luz, móvil lejos, música si te apetece.
- Puede tocarte, masajearte o quedarse quieta a tu lado, según lo que tú hayas pedido antes.
Por eso es tan útil preparar también a quien acompaña. No para que controle el parto, sino para que sepa cómo sostenerte cuando tú estés metida en el cuerpo y no quieras explicar demasiadas cosas.
Hospital, intimidad y sensación de perder el control
A muchas mujeres les asusta el hospital no por el edificio, sino por lo que representa: exploraciones, personas entrando, luces, monitores, palabras técnicas, sensación de no decidir. Ese miedo merece respeto.
La OMS y NICE coinciden en la importancia de una atención respetuosa, con información clara, intimidad, consentimiento y apoyo. Podéis pedir que os expliquen qué van a hacer antes de hacerlo. Podéis preguntar si una intervención es urgente o si hay tiempo para hablarla. Podéis pedir que la persona acompañante esté presente si el protocolo lo permite.
Y aquí quiero decir algo como matrona: el equipo no debería ser una amenaza. Las matronas estamos para acompañaros, observar cómo avanza el parto, cuidar vuestra seguridad y ayudaros a atravesar cada fase. Si algo no entendéis, preguntad. Si algo os incomoda, decidlo. Si necesitáis una pausa para respirar antes de responder, pedidla.
El expulsivo: empujar, epidural y cosas que dan vergüenza
El momento de empujar preocupa mucho. Si no llevas epidural, muchas veces el cuerpo marca una necesidad muy clara de empujar. Si llevas epidural, puede que notes menos esa sensación y necesites más guía del equipo. En ambos casos, no tienes que saber hacerlo perfecto antes de empezar.
También aparece una preocupación muy humana: «¿y si se me escapa pis, gases o heces?». Puede pasar. Es fisiológico. Quienes trabajamos en una sala de partos lo vemos como parte del proceso, no como algo vergonzoso. No se anuncia, no se dramatiza, se limpia y se sigue cuidando el nacimiento.
El objetivo no es que el expulsivo sea elegante. El objetivo es que sea seguro, acompañado y respetado. A veces se empuja con mucha fuerza. A veces se cambia de postura. A veces hay que esperar. A veces el equipo propone una ayuda. Preguntad lo que necesitéis y recordad que vuestro papel no es hacerlo «bonito», sino estar ahí, en vuestro parto, con vuestro bebé bajando.
Una frase para ese momento
Si tuviera que dejaros una idea sencilla para el día del parto sería esta: una contracción cada vez. No todo el parto de golpe. No todas las horas que quedan. No todos los «y si». Solo esta contracción, este descanso, esta pregunta, esta decisión.
Vivir bien el parto no significa que sea perfecto ni que no haya dolor. Significa que, dentro de lo que ocurra, podáis sentiros acompañadas, informadas y tratadas con respeto.
Miedo al parto durante el embarazo
La primera parte de esta serie, centrada en prepararos antes de que llegue el día.
Pródromos e inicios del parto
Para diferenciar señales iniciales, contracciones irregulares y parto que empieza a organizarse.
Respirar durante las contracciones
Una herramienta práctica para volver al cuerpo cuando la cabeza se adelanta.
Masaje y contacto para aliviar el dolor
Ideas para que la persona acompañante pueda ayudar sin invadir.
El agua durante la dilatación
Una opción de alivio que puede ser útil si está disponible y es adecuada para tu situación.
Plan de parto
Una forma sencilla de pensar preferencias y comunicarlas antes del nacimiento.
Este articulo es informativo y no sustituye una valoracion individual. Si tienes sintomas intensos, dudas sobre tu caso concreto, perdida de liquido, sangrado, menos movimientos del bebe, contracciones antes de termino o notas algo que no te encaja, consulta con tu matrona, ginecologa, obstetra o urgencias de referencia. Si quieres revisar tu situacion con calma, puedes reservar una consulta online con Elena.

Silu
También es muy importante tenerlo todo hecho cuando llega ese día tan especial. El cuarto de tu pequeño o pequeña debe estar perfectamente equipado con armarios suficientes, cambiador y objetos decorativos como su nombre en letras de madera.