Si me preguntáis cómo respirar en el parto, os diría que empecéis por quitarle un poco de solemnidad al tema. No vais a ir al paritorio a demostrar una técnica perfecta. Vais a necesitar aire, calma a ratos, alguien que os recuerde que aflojéis la mandíbula y una matrona que os vaya diciendo qué toca si el parto cambia de ritmo. En el expulsivo, además, muchas veces el cuerpo pide otra cosa.
Cómo respirar en el parto: la idea sencilla
Durante años hemos explicado la respiración torácica, la abdominal y la jadeante como si fueran tres casillas separadas. A mí me sirven para practicar, sí, pero no para que una mujer se sienta examinada si el día del parto respira distinto. Lo que busco cuando lo trabajo en preparación al parto es bastante más sencillo: que sepáis volver a un ritmo reconocible cuando la contracción aprieta y el cuerpo se pone en alerta.
La respiración no borra el dolor. Ojalá fuera tan fácil. Puede hacer que no os vayáis detrás de la contracción con todo el cuerpo apretado, que ya es mucho, y puede convivir con otras ayudas: moverse, agua caliente si procede, masaje, acompañamiento o analgesia cuando haga falta. La guía de atención al parto normal del Ministerio de Sanidad insiste en esa idea de fondo: decisiones seguras, informadas y adaptadas a cada mujer.
Durante las contracciones: ritmo, aire y hombros sueltos
Cuando una contracción empieza, muchas veces el cuerpo se adelanta: hombros arriba, boca apretada, dos segundos sin aire y nadie se ha dado cuenta todavía. Volved a lo pequeño. Coged aire por donde os salga y soltadlo un poco más largo de lo que entra. Si suena feo, perfecto. El parto no tiene que sonar bonito.
En la fase latente, cuando las contracciones todavía van y vienen a su manera, suelo ser muy poco rígida con esto. Si una ducha os cambia la cara, ducha. Si necesitáis caminar por casa, caminar. Si os alivia que os den un masaje en la zona lumbar, también. NICE también lo baja bastante a tierra: respiración, ducha o baño y masaje pueden ayudar en esa primera fase, y la mujer que quiere usar respiración o relajación debe sentirse acompañada, no corregida cada dos minutos. Lo tenéis en sus recomendaciones de atención intraparto.
Me gusta más hablar de acompañar que de controlar. En clase suelo hacerlo con la mano: la contracción sube, se queda un momento arriba y baja. En esa parte alta, no busquéis hacerlo bonito; soltad aire como podáis, incluso con ruido. A veces el dolor sigue ahí, pero baja la mandíbula, caen los hombros y el suelo pélvico deja de pelear tanto.
Respiración abdominal y torácica: qué sentido tienen
La abdominal suele ser la primera porque se pilla rápido. Mano en la barriga, entra aire, la mano se mueve un poco; sale aire, y ya está. Si al intentarlo os ponéis tiesas o llenáis el pecho como antes de tirarse a una piscina, bajad volumen. En parto me vale más una respiración humilde que una respiración de manual.
La torácica vive más arriba, en el pecho. Hay mujeres que la encuentran sin buscarla, sentadas, inclinadas hacia delante o agarradas a la cama. Yo ahí no me pongo exquisita. Si no os acelera y no os deja más rígidas, quizá sea la respiración que toca en ese minuto.
El sonido merece un hueco aparte. En casa da vergüenza; en el parto, a veces sale sin pedir permiso. Un “aaaah” grave, una vocal larga, un suspiro de esos que descargan. Cuando la mandíbula y la garganta dejan de pelearse, el resto del cuerpo suele enterarse.
Cuando llega el expulsivo: empujar sin bloquearse
El expulsivo va por otro carril. Aquí soy bastante pesada: no todas empujan igual, ni falta que hace. A veces llega una necesidad clarísima de empujar, de esas que no se razonan mucho. En otros partos, sobre todo con epidural, la señal llega más bajita y la matrona tiene que ir guiando. Por eso me chirría vender una única forma de pujar como si todas parieran igual.
Si al aguantar el aire os mareáis, os vais de la escena o notáis que toda la fuerza se os queda en la cara y el cuello, hay que decirlo. A veces se empuja acompañando la contracción y dejando salir algo de aire; otras, el equipo os pedirá algo muy concreto durante unos segundos. Aquí manda ese cuerpo, ese bebé y ese momento. La plantilla de internet se queda fuera de la habitación.
El NHS lo resume con bastante sentido común: buscad una postura en la que podáis estar, moveos si os nace y preguntad si algo os preocupa. También marca motivos para contactar con la matrona o la unidad de maternidad, entre ellos sangrado, bolsa rota, menos movimientos del bebé o contracciones muy frecuentes o demasiado largas. Tenéis esa información en su página sobre las fases del parto.
Jadear o soplar: cuando la matrona os puede pedir que frenéis
La respiración jadeante, que aparecía en el artículo original, la dejaría guardada para un momento muy concreto. Una dilatación entera jadeando acaba siendo una paliza. Al final del parto es otra historia: la cabeza está coronando, el cuerpo empuja con mucha fuerza y la matrona os pide bajar una marcha.
Ahí el soplo suave sí tiene trabajo. North Bristol NHS Trust lo compara con mover una llama sin apagarla, y esa imagen me parece muy práctica porque no necesita clase magistral. La matrona dice “suave”, vosotras sopláis unos segundos y luego se reevalúa. Si alguien os ha vendido media hora de “ji, ji, ja” obligatorio, yo lo revisaría. Podéis revisar su recurso sobre breathing during labour.
Practicar durante el embarazo sin obsesionarse
Si vais a practicar en el embarazo, hacedlo en pequeño. Un día en la pelota. Otro de lado en la cama. Otro apoyadas en la mesa de la cocina, que es menos ideal pero bastante realista. Fijaos en una sola cosa: dónde se afloja el cuerpo y dónde se empeña en apretarse. Con eso ya tenéis material de sobra.
A la persona acompañante le pediría otra práctica, casi más difícil: no invadir. Que sepa acercaros agua sin abrir interrogatorio, poner una mano si la queréis y retirarla si molesta, recordaros “afloja la boca” sin ponerse a dirigir el parto. En una contracción larga, una frase limpia suele servir más que un discurso precioso.
Si el día del parto acabáis diciendo “se me olvidó respirar”, yo no lo leería como un fallo. Seguramente respirasteis, solo que el parto fue más intenso, más rápido, más lento o más desconcertante de lo que habíais imaginado. La respiración ayuda cuando está disponible. Cuando no, se vuelve a ella en la siguiente contracción, sin convertirlo en un suspenso.
Cuándo pedir ayuda o consultar
Consultad con vuestra matrona o con el hospital si las contracciones vienen muy seguidas desde el inicio, si duran más de lo que os han indicado, si rompéis bolsa y os toca acudir, si hay sangrado, fiebre, dolor que no os encaja, dolor de cabeza intenso, visión borrosa o menos movimientos del bebé. Si estáis de menos de 37 semanas y pensáis que podéis estar de parto, también. Y si por respirar rápido os mareáis o no conseguís recuperar el ritmo, pedid ayuda sin esperar a “ver si se pasa”.
En preparación al parto me interesa mucho más que entendáis el mapa que que os aprendáis una etiqueta de memoria. Qué puede pasar, qué recursos hay, cuándo pedir ayuda y qué decisiones suelen aparecer. Si os apetece trabajarlo con ese enfoque y a vuestro ritmo, el curso de preparación al parto online va precisamente por ahí.
Preguntas frecuentes sobre respirar en el parto
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Este artículo es informativo y no sustituye una valoración individual. Si tienes síntomas intensos, dudas sobre tu caso concreto o notas algo que no te encaja, consulta con tu matrona, ginecóloga, obstetra o urgencias. Si quieres revisar tu situación con calma, puedes reservar una consulta online con Elena.
